domingo, 21 de octubre de 2012

Fernando el Católico: La escuela de mi infancia

Según los datos obtenidos de la página de internet que actualmente tiene la escuela, la construcción del edificio data de los años 1947-48 y todavía la parte externa se conserva prácticamente igual en la actualidad que cuando yo me escolaricé hace unos 60 años. Se construyó por REGIONES DEVASTADAS. Supongo que al mismo tiempo que las viviendas que fueron construidas en la plaza por este organismo que reconstruía algunos de los pueblos devastados por la guerra civil.

El edificio tiene dos plantas. Cuatro clases arriba y cuatro abajo, muy espaciosas y bien iluminadas por grandes ventanales. Los chicos estaban abajo y las niñas en la planta de arriba. Con un patio de recreo muy espacioso que rodea el edificio y cuyo uso en aquellos años estaba delimitado. Las niñas jugábamos en la parte de delante, y los niños en la de atrás. Estaba terminantemente prohibido salirse de los límites destinados para cada sexo.

Recuerdo que una vez ya al final de mis años de escuela con la rebeldía de la adolescencia, me atreví a traspasar los límites entrando a la parte de los niños. Me engancharon los profesores llamándome la atención. Yo les debí de contestar con "descaro" porque me costo bajar a pedir perdón, obligada por mi profesora, cosa por la que tuve que sufrir durante una buena temporada las risitas de los niños que este incidente provocó.

Según la ideología de la época, todas las aulas estaban presididas por las imágenes "del caudillo" FRANCO, JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIBERA Y EL CRUCIFIJO.

Yo nací en el año 1947 y creo que por aquel tiempo te escolarizaban a los 5 años. Supongo que allí me llevaron al otro día de cumplirlos equipada con mi maletín de madera y con mi primera cartilla silábica para que aprendiera mis primeras letras: PAPA, MAMA, TITI,... Allí llegué y me sentaron en una mesita redonda junto con otras 4 o 5 niñas más a las que yo, ya debía de conocer porque en mi pueblo que es pequeño nos conocemos todos. Mi primera maestra se llamaba Pilar y lo mas bonito que recuerdo de ella es que cuando acababa bien y pronto la faena, como premio, me daba para jugar un rompecabezas que tenía en la clase, y que yo, que nunca había visto ninguno, me encantaba y me esforzaba en recomponer las figuras con los cubitos dándoles vueltas y más vueltas hasta conseguir la escena que buscaba.

También me encontré en la escuela que cuando tenías ganas de hacer "pipí" o "caca" tenías que ir a unos waters enormes donde me parecía que me iba a caer por aquel agujero. Allí no tenías con qué limpiarte y las baldosa de alrededor estaban llenas de restos de caca que supongo eran las consecuencias de que no había papel higiénico. Tal vez ni existía por aquellos años donde ni siquiera había agua corriente en la mayoría de las casas y casi toda la gente del pueblo utilizaba el corral y el montón de estiércol para esos menesteres.

Pasé de clase y creo que estaba Doña Alberta que era la mujer del farmacéutico. En esta clase comencé a utilizar el tintero. Y como no era fácil escribir con plumilla comenzaron las páginas y las batas del colegio a llenarse de borrones. No había día en que no se volcara algún tintero en algún pupitre, con el consiguiente estrapalucio para limpiarlo.

La siguiente clase fue con Doña María Asunción Larumbe Tomás.Es posible, que fuese en esa clase donde aprendimos la tabla de multiplicar, que entonces se aprendía con una "cantinela", que yo diría que era muy eficaz para memorizar. Recuerdo que  aprendí mucho con ella pero también me dio la primera bofetada escolar porque no me "entraba" la división.

Así mismo ponía mucho interés en que aprendiésemos geografía, decía que teníamos que localizar los accidentes geográficos y ciudades con los ojos cerrados, y alguna vez esto lo llevó a la práctica.

Esta maestra  tenía un perrito que se llamaba DUMBO, y considerábamos como un privilegio que nos convidara a dar un paseo con ella y el perrito por el campo.

Después pasamos con Doña Matilde, buenísima maestra que estaba cargada de hijos. A pesar de tener tan grandes cargas familiares la recuerdo como una excelente profesora. Siempre explicaba la lección del día siguiente y parece que daba resultado el dicho de "lección dormida, lección aprendida". Vestía con gran  sencillez  y su  cabello era blanco con una canicie  prematura. Estaba casada con Don Ricardo, uno de los profesores de los niños. Recuerdo una anécdota de su clase: En un examen de lengua al que yo no asistí, seguramente estaría mala, salió la siguiente pregunta: "ESCRIBIR EL FEMENINO DE ACTOR". La respuesta me la chivaron las compañeras. Me hizo a mí la misma pregunta: "¿EL FEMENINO DE EMPERADOR?" Y caí en la trampa: muy ufana contesté EMPERADORA.

Y por último, los cursos finales tuvimos de profesora a Doña María Dolores Cabello, a la que ya en nuestro inicio de la adolescencia hicimos pasar algún mal rato con pequeñas gamberradas. Recuerdo que era una gran lectora y en las tardes que dedicábamos a nuestras labores, que eran todas, mientras las niñas íbamos cosiendo ella amenizaba la tarde principalmente con lecturas ejemplares o algún poema.

En invierno las clases se calentaban con una estufa de carbón. Venían con un camión a traerlo y lo ponían en un cuartito dedicado a esto. Las niñas mayores se encargaban por turnos de encenderla y de irla manteniendo para que no se apagara. Había algunas que les agradaba esta tarea y lo hacían de manera voluntaria.

En las mañanas de aquella época las niñas trabajábamos las distintas asignaturas, pero durante las tardes el trabajo era aprender a coser y bordar en pañitos donde hacíamos vainicas y festones que salían mejor o peor dependiendo de la habilidad de cada una.

Después de acabar las libretas de lectura estudiábamos en la ENCICLOPEDIA ÁLVAREZ, en  sus distintos niveles. Allí  estaban todas las asignaturas con los contenidos que le interesaban AL RÉGIMEN FRANQUISTA. Supimos de la existencia de Manuel Machado, de los Hermanos Quintero, de José María Pemán, y en política de José Antonio y Onésimo.

Pero no se nos habló nunca de  FEDERICO GARCÍA LORCA, ni de ANTONIO MACHADO o ALBERTI, cuya existencia supongo que no estaba permitido mencionarla en la escuela. También recuerdo que hacíamos trabajos de redacción cuando había conmemoraciones de tipo político, histórico o religioso, por ejemplo el día de "La Victoria" San Fernando o día de "La Hispanidad".

 Cada día a la mañana teníamos que "formar" en el patio. Nos poníamos en fila a la manera falangista mientras se izaba la bandera y entonábamos EL "CARALSOL" o "PRIETAS LAS FILAS". Un maestro con enardecida voz acababa el acto con el consiguiente "¡ESPAÑA! ¡UNA!, ¡ESPAÑA! ¡LIBRE!, ¡ESPAÑA! ¡GRANDE!. ¡ARRIBA ESPAÑA!, ¡VIVA FRANCO!

La política y la religión estaban siempre bien presentes en la escuela. Cada mes de mayo montaban un altar en el pasillo de  la planta de abajo y todos los días bajábamos a rezar las FLORES A MARÍA. En junio rezábamos al SAGRADO CORAZÓN y en octubre, que era el mes del rosario, nos llevaban cada día a la iglesia para rezarlo. En Semana Santa, el VÍA CRUCIS. Y con todas estas prácticas tan frecuentes nos dejaban bien aleccionados y encauzados para "el día del mañana".

Por aquellos años yo no recuerdo haber pasado "gana". La alimentación era algo precaria. Principalmente se componía de los productos de temporada del campo y de lo que se derivaba de "la matanza". Las meriendas de los niños, muchos días eran PAN CON AGUA Ó VINO Y AZÚCAR.Y era un extra el día que la madre te daba unos céntimos para comprar una porción de chocolate. Como no se podía escoger, y había gana, cualquiera de estas cosas eran una merienda deliciosa.

Sin que nadie nos explicara el porqué, y de manera obligatoria,  nos dijeron que teníamos que llevar una bolsita con un vaso porque a la hora del recreo nos darían a cada niño un vaso de leche en polvo. Éste lo preparaba y repartía en medio del patio y con unas enormes cazuelas una señora a la que llamábamos Doña Inés. No te podías escapar. Había que tomársela.  Yo la encontraba horrible. Estaba acostumbrada a la leche de vaca que teníamos en casa de nuestra pequeña vaquería y no sabía cómo escabullirme para tirarla. A la tarde y para merendar nos daban una porción de queso americano, que era más tolerable, pero que como no nos gustaba nada, algunos niños en cuanto podíamos lo tirábamos al tejado. Yo creo que nos seguía gustando mucho más el pan con una porción de chocolate que lo que generosamente nos obligaban a comer con EL PLAN MARSHAL.

Los últimos años de estar yo en la escuela, no sé si con motivo del día del árbol, decidieron que haríamos una plantación de árboles en el patio y plantamos un buen número de moreras. Fue un día de ajetreo. Formaron grupos y bajo la dirección de los maestros estuvimos buena parte del día acarreando agua de una acequia cercana para regarlos. No debimos de hacerlo mal porque arraigaron casi todas y después de tantos años la escuela tiene en el patio unas magnificas moreras.

Tiempo inolvidable el pasado en la escuela.

A todas mis compañeras con las que compartí  juegos y tantas vivencias, y recordando a todos los maestros con los que compartimos los tiempos de  la infancia en nuestra escuela.



Mª Pilar Giménez Diarte
15 de Marzo de 2012


*Mi agradecimiento a Lyudmyla (la compañera de mi hijo Marcos)
que me ha ayudado a insertar fotografías y texto.


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